lunes, 29 de agosto de 2011

¡Que vienen los rojos! (IV).


Coincidiendo con el anuncio de los cambios que el PPSOE realizará en la constitución sin consultar al "pueblo soberano" (nada han dicho al respecto los que exigían un referéndum bastante más vil a Zapatero bajo el eslogan "En democracia se escucha al pueblo"), se han vuelto (y no por casualidad, creo yo) a escuchar de nuevo grititos de miedo y terror ante un artículo del secretario general del PCE, José Luis Centella, en la web de su partido.

Dicho artículo ha servido, entre otras cosas, para recordar al mundo que todavía existe el PCE y que, además, tiene un secretario general cuyo nombre ya no conoce nadie. Pero también ha servido para disparar por enésima vez, el mecanismo pavloviano de alarma de todos esos millones de españoles que se levantan cada mañana (en su "Día de la Marmota" particular) con una porción nada desdeñable del cerebro reseteado a fecha del día 18 de Julio del Año del Señor de 1936.

Hace sólo tres meses mal contados (y aquí se escribió largo y tendido sobre ello) de la penúltima versión del "¡Que vienen los rojos!", que sirvió para que el PP consiguiese, en las pasadas elecciones municipales y autonómicas, resultados aún mejores que los pronosticados por las contundentes encuestas publicadas hasta la fecha. Pero, al parecer, la mala memoria no es exclusiva, ni mucho menos, de los votantes del PPSOE, en los que tal cualidad no es sólo aparente carencia, sino mecanismo de supervivencia para poder continuar con su simplista visión del mundo, en la que la funesta manía de pensar ha sido reemplazada con la sanamente democrática impresión de que los suyos lo hacen todo bien, y los otros todo mal (aunque lo que hagan los suyos y los otros sea exactamente lo mismo, que lo que le importa al fanático -a diferencia del cotilla-, no es el pecado, sino el pecador).

Y no deja de llamar la atención lo exitoso de la táctica y lo fielmente que reaccionan muchos a ella. Porque tampoco hace falta tener mucha memoria, ni acumular un gran número de datos en el cerebro, para pararse cinco segundos y, con un mínimo ejercicio de reflexión, darse cuenta de que no estamos a 18 de Julio de 1936, y que, ahora (y desde hace 35 años), si consideramos la deuda y el déficit públicos (encaminados, en su mayor parte, al mantenimiento del lujoso tren de vida de los políticos que nos endeudan) como un robo a los españoles, y consideramos el aborto como un asesinato, si en España se roba y se mata en cantidades industriales y nunca vistas con anterioridad no es gracias a los comunistas y a sus cuatro gritones desocupados, sino más bien a esos señores (y señoras) de apariencia tan formalita y hasta santurrona que cuentan con el apoyo electoral incondicional de gente tan buena y respetable como nuestros familiares, amigos y conocidos.

Así que pueden seguir ustedes asustándose todo lo que quieran con el lobo rojo que nunca vendrá, y que no es más que la táctica a la que recurre el régimen para infundir el miedo necesario con el fin de que la gente se deje chulear por los pastores. Porque, además, lo único que han hecho los comunistas en España durante estas últimas tres décadas es gritar en la calle a viva voz, y con pocos años de antelación, el programa con el que luego gobierna la derecha (y, en ocasiones, hasta los socialistas).

De hecho, hoy en día, el único peligro que tienen los comunistas en España es su conocida afición a servir de sostén, en municipios y autonomías (y a tanto el escaño), a los que endeudan a las generaciones actuales y venideras y se aseguran que, en España, puedan ser abortados unos cuantos cientos de miles de inocentes cada año. Porque, ¡qué miedo nos dan los comunistas, y qué malos son!, pero, al mismo tiempo, ¡qué bien nos vienen luego para que gobiernen los nuestros!...

Pero este aviso chulesco realizado por el secretario general del PCE, de cuyo nombre no puedo acordarme, no es más que otro episodio de la criminalización preventiva que (la semana previa a las elecciones municipales fue un excelente ejemplo) que el régimen viene realizando de todo aquél que, en la siguiente legislatura, salga a la calle a protestar cargado de razón (que razones para protestar y quejarse habrá de sobra).

Donde haya un grupo de personas con una justa queja o demanda, aparecerán los agitadores profesionales que aún enarbolan las siglas "15M" o los muchachos de IU, con el fin de salir en las fotos e imágenes que, oportunamente, difundirán los medios de comunicación afines al PP para demostrar, a sus fieles, que España vuelve a ir bien (porque ellos lo dicen), y que sólo protestan unos cuantos rojeras con ganas de jaleo. Que los españoles de bien estarán encantados de que se desmantelen la sanidad o la educación públicas o el sistema de pensiones, para mantener los privilegios de los políticos a los que votan (que en eso, y nada más, consiste la "reforma constitucional" que se aprobará a principios de Septiembre), y los licenciados superiores con catorce másters y cuatro idiomas estarán felices de trabajar por el salario mínimo hasta (por lo menos) cumplir 30 años.

Y el que diga lo contrario, es un vago comunista que no quiere arrimar el hombro para levantar el país (bueno, al menos antes se decía "el país"; ahora se dice "levantar la economía"), o, aún peor, un quintacolumnista de Rubalcaba.

Así que, sea usted bueno y quédese en casita, bien calladito (por mucha razón que tenga), durante los próximos ocho años. Se lo dice la derecha que se ha tirado ocho años animando a la gente a salir a la calle por unas cosas y otras.

PS: Nada dicen tampoco, de los cambios que hará el PPSOE en la constitución, sin referendum alguno de por medio, todas esas buenas gentes de la derecha que tan claro tienen siempre que "No hay que imponer, sino proponer".

PPS: Por aquello de no dar más publicidad de la debida y necesaria, citaré (sin enlazar), como demostración de dónde quedan todos estos avisos sobre la enésima e inminente "revolución comunista en España" un artículo, publicado en Junio, de un conocido bloguero liberal en el que se advertía de un supuesto plan de ocupación de Madrid por parte de las huestes de la izquierda desgreñada y desaliñada el pasado 18 de Julio del presente año. Y lo que te rondaré, morena...

miércoles, 24 de agosto de 2011

¡Sorpresa, sorpresa!

Constitución Española de 1978, artículo 167, punto 3:

"Aprobada la reforma [constitucional] por las Cortes Generales, será sometida a referéndum para su ratificación cuando así lo soliciten, dentro de los quince días siguientes a su aprobación, una décima parte de los miembros de cualquiera de las cámaras".

¡Anda! ¡Si resulta que el PPSOE puede cambiar, cuando y como quiera, la constitución a su antojo, sin preguntar ni consultar al pueblo soberano!.

Menos mal que vivimos en una democracia, y como somos ciudadanos libres, formados e informados, que disfrutan de las bondades y beneficios de la libertad de prensa y de expresión, sólo hemos tardado 33 años en darnos cuenta de qué iba esto, que, si no...

Pero no se preocupen, que son ustedes completa y absolutamente libres para decidir si quieren de presidente a Marifredo Rubaljoy y de vicepresidente a Alfriano Rajalcaba, o viceversa. Que si, hace cinco siglos, hubo españoles que vivieron la versión gloriosa e histórica del "tanto monta", ahora, por propia voluntad, vivimos inmersos en la versión cutre y garbancera.

Y también son libres para decidir si prefieren comerse, para desayunar, una lata de Whiskas o de Dog Chow, que por ahí van a ir también los tiros durante la próxima década...

PS: Sí. El Villarreal se ha clasificado para la Champions. Perdonen que me distraiga con menudencias y deje para el final las cosas importantes.

PPS: ¿Qué tendrán los documentos redactados por los liberales, que, para su fervorosa defensa, se hace imprescindible el más absoluto desconocimiento sobre su contenido?.

miércoles, 17 de agosto de 2011

¿Te das cuen...?


¿...de cómo, los que señalan al llamado "intervencionismo estatal" como fuente de todos los males habidos y por haber, critican a Zapatero por "no haber hecho nada contra la crisis", mientras piden "un nuevo gobierno (el de "los suyos", claro) que saque a España de este agujero"...?

domingo, 14 de agosto de 2011

Summa Concethologica (VI): El MBA de la JMJ.


En facebook he podido leer, estas dos últimas semanas, un gran número de mensajes en los que se hace hincapié, por un lado, en el coste de la visita de Su Santidad, el Papa Benedicto XVI, a Madrid; y, por otro, en los supuestos beneficios económicos que podría reportar el gasto que realizarán, durante su estancia, los asistentes al evento (no sólo en Madrid, sino en otras ciudades en cuyas diócesis han sido acogidos).

No sé dónde ni cómo ha aparecido ese máster intensivo de contabilidad que, en tan pequeño lapso de tiempo, ha permitido a tanta gente adquirir los conocimientos necesarios para calcular el montante total del coste de la visita de Su Santidad a Madrid. Lo cierto es que, a todo el que hace los cálculos, le salen números redondos (creo recordar cifras como 50 y 100 millones de euros). A nadie le han salido 142, 87, ni 63 millones de euros. Toda una suerte, dado que así los cálculos son mucho más sencillos.

Pero eso no es todo: ese mismo master de contabilidad permite, no sólo adquirir los conocimientos necesarios para hacer cálculos tan complejos (y de resultado tan redondo, afortunado y sencillo de recordar), sino que también permite predecir el futuro.
En efecto, ya se sabe la cuantía de los beneficios económicos que dejará la visita del Sumo Pontífice a la villa del oso y el madroño (y aquí sí que he podido ver una gran unanimidad): 100 millones de euros. Ni 99, ni 101. 100 (Deo Gratias una vez más, que de cálculo mental anda uno oxidadillo últimamente).

A mí, por un lado, si los gastos de la visita del Papa han corrido, en su totalidad, de parte de instituciones y/o empresas privadas, me parece muy bien. Como decía mi bisabuela, que en paz descanse (y perdonen ustedes la escatología): "El dinero y los c***nes, están para las ocasiones".

Pero, por eso mismo, si tan magno evento le hubiese costado un buen dinerillo a las arcas públicas, no me parecería muy bien, sino que me parecería perfecto. Que ésta, y no otra, es la función del estado: velar por el Bien Común. Y es que, al igual que a los soldados se le supone el valor, también a una visita del vicario de Cristo en la Tierra se le supone una importantísima contribución a dicho Bien. Así que no acabo de entender que se resalte, a modo de justificación (lo entendería como reproche o crítica), que a las arcas públicas no les va a costar ni un céntimo la estancia de Benedicto XVI en Madrid, ni los eventos que la acompañan.

E, igualmente, no sé de dónde ha salido la redonda y rimbombante predicción de los 100 millones de euros de beneficios (se supone, por tanto, que los ingresos serán muy superiores) que dejarán los visitantes en Madrid y otras ciudades de España. Me da que ha podido originarse en el mismo "master online" de donde salen los pronósticos que, periódica e invariablemente, predicen 1´5 millones de asistentes y 700 "autobuses venidos desde distintos puntos de toda España" para todas las manifestaciones convocadas por las organizaciones satélites del gran partido de la derecha en España. Pero el caso es que me gustaría saber dónde adquirieron semejante bola de cristal, ya que me vendría muy bien para hacer las cuentas del mes que viene sin tener que recurrir a una dieta forzosa de arroz blanco y pasta hervida a partir del día 25.

Y es que hay reflexiones (y no digo que sean malintencionadas, pero sí que afirmo que siguen la corriente del espíritu de los tiempos) que, planteadas como defensa, más bien parecen un insulto. No me imagino a nadie cayendo en el absurdo de calcular los millones de sextercios de beneficio económico que pudo haber traído a Salamina, Efeso o Tesalónica la visita de San Pablo (cuyos viajes también corrieron a cargo de iniciativas privadas; si no la suya propia, la de amigos, benefactores o fieles). O intentando evitar la decapitación del Apóstol de los Gentiles apelando a los gastos que originaría la mano de obra de la ejecución de la pena (confieso que no sé si los verdugos que se dedicaban a tales menesteres trabajaban a sueldo o a destajo) o la limpieza de la sangre sobre los adoquines o el mármol.

Son argumentos absurdos, que acaban siendo aprovechados por los enemigos de la Fe. Al fin y al cabo, la principal línea propagandística de éstos al atacar a la Iglesia es - ¡precisamente!- presentarla como un negocio que arroja pingües beneficios económicos. Pero no se originan en el vacío, sino en el caldo de cultivo de una época en la que (como dijo uno que ustedes ya conocen) "la economía lo es todo", y en la que el poderoso caballero al que apelan (tanto unos como otros) para justificar o criticar una persona, un acto o una institución (incluso una que es Santa, Católica y Apostólica) no es otro que el de la conocida letrilla satírica del gran Francisco de Quevedo.


¡Bienvenido, Mister Ratzinger!.

"Pues sí, señor periodista. Yo se lo digo y se lo repito todos los días a los chavales a los que le doy catequesis: La visita a España de Beneficio XVI reportará benedictos económicos valorados en tropecientos frillones de lerios. ¡Ay, no, que me he hecho un lío!. ¡Oye, dejad las guitarritas y las melodías de los Beatles un minuto, que me están entrevistando, jopé!..."

PS: "Entre broma y broma, la verdad asoma" (una amiga, en Granada).

PPS: "Ya: lo dices en broma, pero lo dices en serio" (un amigo, en Pamplona).

jueves, 4 de agosto de 2011

Revolution Street (XVI): El montaje del director.

Nuevamente, nuestros reporteros se aventuran en las dos aceras de enfrente para demostrarnos las enormes diferencias entre los habitantes de una y otra.

En la acera derecha:

- Estimado transeúnte, ¿podría preguntarle su opinión sobre el llamado "Caso Faisán"?.
- ¿El "Caso Faisán"? ¡Una vergüenza! ¡Deberían ir todos a la cárcel, especialmente los jefes! ¡Menos mal que hay prensa independiente y valiente que publica estas cosas!.
- ¿Y qué opina usted del llamado "caso Gürtel"?.
- ¿Eso? ¡Bah...! ¡Eso es un montaje de Rubalcaba para hacerle daño al PP!. Si lo único que pretenden con eso es que no se hable del "Caso Faisán", que se lo digo yo...

En la acera izquierda:

- Estimado peatón, ¿podría preguntarle su opinión sobre el llamado "Caso Gürtel"?.
- ¿El "Caso Gürtel"? ¡Una vergüenza! ¡Deberían ir todos a la cárcel, especialmente los jefes! ¡Menos mal que hay prensa independiente y valiente que publica estas cosas!.
- ¿Y qué opina usted del llamado "Caso Faisán"?.
- ¿Eso? ¡Bah...! ¡Eso es un montaje del PP para hacerle daño a Rubalcaba!. Si lo único que pretenden con eso es que no se hable del "Caso Gürtel", que se lo digo yo...

Atado y bien atado.

Una de los reproches que los liberales (ésos que siempre hablan de "no imponer, sino proponer") hacen a todo el que no comparte su optimismo ciego cuando ellos consideran obligatorio el practicarlo, es la de "catastrofista".

La mente de un liberal funciona de tal guisa que, si el querido líder (sea un periodista o un político, o los dos) le mete en la cabeza que, tirándose de un quinto piso, llegará al suelo, no ya sano y salvo, sino además de pie, y saludando al tendido, rechazará como "catastrofistas" todas las advertencias sobre el más que previsible desenlace. Cuando el liberal llega al suelo, y comprueba que, bajo los adoquines, no hay ninguna playa, y, además, se rompe todos los huesos del cuerpo (al fin y al cabo, cómo iba a saberlo si durante cuatro pisos de caída no le pasó nada), seguirá erre que erre, y acusará al rival político (derecha o izquierda, según los gustos de cada uno) de haber manipulado momentáneamente las leyes de la física para perjudicarle a mala leche (al fin y al cabo, el liberal nos recalcará siempre que, dado que él se tiró desde la azotea con la loabilísima intención de salir ileso del lance, la culpa de lo que le ha ocurrido, por fuerza, debe ser de otro).

Sin embargo, y paradójicamente, los mismos liberales que tildan de "catastrofistas" (o "profetas de desgracias", que se me olvidaba) a los que no comparten su visión del mundo cuando se colocan las lentes de color de rosa (ejemplo: los fachas y carcas que, hace ya más de tres décadas, advertían de que ese invento llamado "estado de las autonomías" no era más que un inmenso latrocinio institucionalizado) tienen luego la costumbre de, sin ninguna prueba o razonamiento que lo sustente (salvo su voluntarismo) de pronosticar el fin del mundo con una frecuencia cada vez mayor.

Y esto, queridos (o no) lectores de esta bitácora, se hace sencillamente con el propósito (aunque a veces no todos los pregoneros sean conscientes de ello) de inducir en el oyente el miedo que lo convierta en marioneta de los telepredicadores del laicismo (ya sea la versión "agresiva" o la "positiva" del mismo, que tanto da). Que no deja también de tener su aquél que los mismos que tanto abusan de palabras como "nuevo" o "revolucionario" (y no son los rojos los que más las usan, créanme), no tengan otro arma que uno de los trucos más viejos del mundo:

"El mundo se acaba, pero aún estamos a tiempo de evitarlo, siempre y cuando hagas todo lo que yo te diga".

Y "lo que yo te diga" pueden ser muchas cosas, pero en ningún caso, algo beneficioso para el receptor del mensaje apocalíptico de los que, cinco minutos antes, recalcaban la importancia de (por ejemplo) "ser positivos" (es increíble lo "positivos" que pueden llegar a ser los tertulianos de los medios peperos cuando hablan de Zapatero o de Rubalcaba, ¿verdad?).

Ejemplo palmario es el de la campaña de eso que primero se llamó "calentamiento global" y luego se rebautizó como "cambio climático" (como si el clima en Julio y Diciembre hubiese sido el mismo hasta hace diez años). El mundo entero (porque sí) iba a hundirse bajo las aguas del océano en menos tiempo del que Jordi Sevilla le explicaba las cosas de la economía al actual presidente del gobierno, pero de tan peliaguda cuestión dejó de hablarse una vez los gobiernos de las llamadas "democracias occidentales" lo aprovecharon como excusa para subir las tarifas de la luz, el gas y los impuestos a los combustibles derivados del petróleo. Y es que, para un político liberal, no hay apocalipsis que no pueda evitarse a tiempo con el dinero del contribuyente.

Otro ejemplo lo hemos visto hace unos días, en los Estados Unidos. Allí, como suele suceder en estos casos, ambos bandos estaban de acuerdo en lo esencial: había que arruinar a los estadounidenses. Como siempre, la discusión, el escándalo y el follón (con "findelmundo" incorporado, como debe ser) versaba sobre lo accesorio: sobre si la ruina del país debía ser llevada a cabo de forma rápida (como quieren los del elefante), o a velocidad de vértigo (como pretenden los del burro). Al final, y como es ya tradición (otra paradoja del liberalismo), 2+2 no fueron ni 5, ni 7, sino 6. Y todos los pregoneros anunciando la buena nueva a los expoliados, que los ladrones ya han consensuado cuánto les van a robar, y albricias y felicitaciones, que el bendito consenso de los mafiosos ha evitado que acabásemos saltando por los aires como el planeta Krypton.

Pero, en este momento, el findelmundo que más de cerca nos ha pillado a los españoles es el baile (dos pasitos palante, un pasito patrás, y repítase las veces que sean necesarias hasta llegar al destino deseado) que se está escenificando en los medios de comunicación y que tiene, como protagonista, el cada vez más elevado interés al que al gobiernodespaña le prestan dinero para sufragar los gastos (muchos de ellos superfluos e innecesarios) de la administración de la res publica.

Esta última semana, al lado de la letra gorda destinada a aconejar al personal, se deslizaba, como quien no quería la cosa, la verdadera noticia (una posibilidad, por supuesto, descartada por el momento): el llamado "rescatedespaña", que incluirá (entre otras cosas), bajadas de salarios (empezando por los empleados públicos), recorte de pensiones y de prestaciones sociales, venta (a precio de saldo, como le sucede a cualquier moroso) de una parte nada desdeñable del patrimonio público (sobre todo, de lo que todavía sea rentable para el Estado) y subidas de impuestos (especialmente de los indirectos).

Y, como ya hemos visto, para presentar semejante canallada como un salvavidas, primero es necesario que nos tiren al mar con los bolsillos cargados de piedras (algo que ya ocurrió hace más de tres décadas) y que, ahora, los pregoneros nos recuerden que la muerte por ahogamiento y/o hipotermia es ya, inminente. Así, en lugar de cabrearnos con los que nos tiraron por la borda, sonreiremos aliviados cuando nos echen una cuerda con la que sacarnos del agua (eso sí, con la obligación de trabajar toda la vida - los intereses de la deuda pública se pagan recaudando más impuestos- para agradecer semejante favor).

Y es que así funciona la maquinaria de una democracia liberal: cuando te dicen que todo está "atado y bien atado", lo que hay es río revuelto para ganancia de pescadores (y el que lo niegue, es un "catastrofista"). Y, cuando te asustan (cada tres meses, más o menos) con la incertidumbre de un futuro apocalíptico, lo que hay es ya un plan perfectamente trazado y delineado (el "rescate" no está "encima de la mesa" porque ya lo ha estado hace tiempo) que necesita del miedo para que las masas puedan llegar al estado mental necesario e imprescindible para tolerar el ser gobernado por un régimen liberal, y que no es otro que uno de sobra conocido por todos:

J**idos, pero contentos.

PS: Porque, además, una vez consumado el plan, tocará -que para eso ya habremos ganado las elecciones- ser optimistas, positivos, mirar hacia el futuro con esperanza (no va con doble sentido) y cosas así.